



CONSEJO VECINAL DE DESARROLLO: UNA APUESTA DE PARTICIPACION
ENRIQUE RAMIREZ FUENTEALBA
“La gestión social para la conformación del CVD debe velar por potenciar un tipo de organización democrática, abierta, pluralista, organizada, que mantenga un actuar transparente hacia los vecinos y con miras al bienestar del barrio en su conjunto”.
El presente documento esta enmarcado en la ejecución del Programa Quiero Mi Barrio que tiene como objetivo general el mejoramiento de la calidad de vida en barrios deteriorados, a través de políticas combinadas que mejoren el entorno urbano y promuevan el fortalecimiento de la participación social[1]. Para los fines de promover la participación en las comunidades, el programa genera una instancia barrial llamada Consejo Vecinal de Desarrollo (CVD) que representa el espacio en donde todas las organizaciones existentes en los barrios, pueden discutir y delinear las principales directrices que guiarán la implementación del programa en la comunidad. Por consiguiente el texto busca reflexionar y ser un aporte respecto a las múltiples características que el CVD puede tener dentro de su inserción en los barrios y en la vida de sus vecinos.
Presentación
Toda organización nace, depende y se engrandece de acuerdo a los fines y objetivos a los cuales ella esta abocada. En esta línea la convivencia social tiene una finalidad de brindar un abanico de posibilidades y oportunidades, tanto a individuos como a colectivos, de obrar y orientar su accionar según una libre y soberana deliberación respecto a lo que estiman conveniente de alcanzar o realizar. De este modo las organizaciones plasman sus intenciones y representaciones en el diario vivir y que de alguna u otra forma, refleja el quehacer de las mismas. Por esto, en la actualidad existe una amplia gama de organizaciones sociales, las hay políticas, religiosas, de voluntariado, etc. No es la idea extenderse, pero sí centrar la discusión en torno a la teleología de una organización y en este sentido las organizaciones locales, territoriales o comunales vienen siendo el núcleo, la medula de toda expresión humana inmediata, en donde el sentido de pertenencia a un territorio ,mas la identidad y cultura que el sujeto siente hacia y en el colectivo barrial, constituye la raigambre misma de la vida en comunidad. Es por esto que desde que el humano tiene uso de razón, se ha unido y organizado junto a sus iguales en donde todos velan por un interés y objetivo en común. Esa característica se vislumbra fácilmente en la actualidad en donde la legislación chilena en torno a las organizaciones sociales, es la siguiente[2]:
Artículo 2º: Para los efectos de esta ley, se entenderá por:
a) Unidad vecinal: El territorio, determinado en conformidad con esta ley, en que se subdividen las comunas, para efectos de descentralizar asuntos comunales y promover la participación ciudadana y la gestión comunitaria, y en el cual se constituyen y desarrollan sus funciones las juntas de vecinos.
b) Juntas de vecinos: Las organizaciones comunitarias de carácter territorial representativas de las personas que residen en una misma unidad vecinal y cuyo objeto es promover el desarrollo de la comunidad, defender los intereses y velar por los derechos de los vecinos y colaborar con las autoridades del Estado y de las municipalidades.
c) Vecinos: Las personas naturales, que tengan su residencia habitual en la unidad vecinal. Los vecinos que deseen incorporarse a una junta de vecinos deben ser mayores de 18 años de edad e inscribirse en los registros de la misma.
d) Organización comunitaria funcional: Aquella con personalidad jurídica y sin fines de lucro, que tenga por objeto representar y promover valores e intereses específicos de la comunidad dentro del territorio de la comuna o agrupación de comunas respectiva.
Por lo tanto las Juntas de Vecinos buscan promover la integración, participación y desarrollo de los vecinos de una localidad. La junta de vecinos puede representar a los vecinos ante las autoridades para lograr convenios de desarrollo; gestionar la solución de problemas ante las autoridades; proponer y ejecutar proyectos que beneficien a los vecinos; determinar carencias de infraestructura (alcantarillado, iluminación, etc.), entre otros[3]. Es decir las juntas de vecinos desde su creación en Chile en el año 1968, han significado para los miembros de un barrio, villa o población, la organización tradicional que detenta para si y oficialmente, la representación de los habitantes de los mencionados espacios territoriales, en donde esta orgánica se preocupa y ve las mejores formas de solucionar los problemas de su comunidad.
Esta contextualización del posicionamiento organizacional que las juntas de vecinos han tenido a lo largo de la historia y tienen en la actualidad de nuestro país, no corresponde a descripciones pueriles, sino mas bien al anhelo de rescatar y ponderar la necesidad, como Programa de Recuperación de Barrio, Quiero Mi Barrio, de promocionar el establecimiento de una nueva orgánica llamada CVD al interior de los barrios que agrupe y consolide la participación de todas las organizaciones sociales de la comunidad, incluida en esta a las importantes juntas de vecinos y otras organizaciones comunitarias.
Voluntad y propósito del CVD
La realidad de cada barrio es única y dinámica, por lo tanto requiere de un monitoreo constante de los actores respecto a su posicionamiento frente al proceso y a las iniciativas del Proyecto Integral de Recuperación, en especial, aquellas que integren el Contrato de Barrio[4].
Este acápite refleja la amplia dimensión que una intervención social puede tener en un determinado colectivo y para esto se recomienda conocer su necesidades, quejas, sugerencias y preferencias para elaborar en conjunto, a sus actores, una asimilada e internalizada estrategia de trabajo que represente el sentir y el actuar de sus miembros (subcultura barrial) para su propio desarrollo humano. En esta línea se entiende que la participación social, concepto clave del programa de recuperación de barrios, sea materializada por una orgánica vecinal incluyente, transversal y programática, que les permita a sus representados (vecinos) y al programa, tener resoluciones ad-hoc a las condicionantes de deterioro urbano y vulnerabilidad social.
De este sentido social se desprenden tareas, deberes y derechos que toda organización debiese tener y de acuerdo a estatutos tipos, las acciones que ostenta para si el CVD, son las siguientes[5]:
q Discusión de los problemas que se vayan planteando en el transcurso del Programa.
q Toma de decisiones,
q Ser contraparte de la Municipalidad y SEREMI de Vivienda en todo aquello que se refiere al Contrato de Barrio,
q Mantener informado al conjunto de los vecinos acerca del desarrollo del Programa así como recibir las opiniones de los vecinos para incorporarlas al quehacer del mismo,
q Tomar iniciativas que contribuyan a involucrar de los vecinos en las actividades del Programa,
q Velar por la unidad del barrio.
Estas realizaciones y actividades son el pilar relacional de cualquier organización social, en donde las discusiones sean elaboradas a partir de procesos deliberativos tendientes a concretar la voluntad del grupo. En donde sus integrantes como mejores conocedores y forjadores de su historia y barrio, puedan evaluar y medir el impacto de las tareas que los distintos sectores realizan en la comunidad y que el manejo y la promoción de información sea un estado permanente de convivencia barrial, para estar todos coordinados y cerciorados de los avances u retrocesos que se plasmen en el programa, puesto que en la sociedad del conocimiento, aquel que no este enterado de los distintos procesos de desarrollo experimentados en el barrio, se sentirá desplazado. De aquí la importancia de dotar de una optima y adecuada estrategia comunicacional al barrio.
Incentivar e instaurar la participación social de la comunidad, con el afán de fortalecer a las territoriales sociedades civiles existentes en el barrio, es otra tarea a realizar con el CVD, en donde la movilización de agentes de cambio y fuerzas colectivas ha de ser un gran aliciente de convocatoria.
Finalmente y estrictamente ligado a los puntos anteriores, la estrategia de solidificación de una organización social es a través de la cohesión de sus integrantes, por lo tanto la unidad y la solidaridad han de ser los principios constitutivos de la acción organizacional.
En esta discusión el protagonismo del CVD se basa única y exclusivamente del empoderamiento que sus dirigentes tiene acerca del rol que esta orgánica ha de cumplir en el barrio, conservando según esto, cuales son los principales valores y principios constitutivos que hacen del barrio, una comunidad con particulares intereses y necesidades que requieren iniciativas, de la misma manera, relacionadas con la realidad del barrio. Por lo tanto, la mejor forma de orgánica que incluya a todos los organismos vivos de una comunidad, mas allá de sus funciones e intereses, que logre articular a un barrio entero en aras de un objetivo común, significa el reto mas grande para el CVD en esta área, junto a la utilidad que esta organización le pueda entregar al Programa Quiero Mi Barrio.
Por lo tanto, el objetivo a seguir y conseguir por parte del CVD debe estar previamente acordado entre sus integrantes como instancia de representación de los intereses del barrio, sin embargo este consenso entre las partes, debe alcanzar mucho más allá que la firma del Contrato de Barrio o la realización de actividades, en el marco del plan de trabajo del CVD, entre el programa y la comunidad. Este debe tener una consolidación, aceptación y legitimación efectiva de la totalidad del barrio si es que se quiere propender a la participación social como vía de solución de problemas para los vecinos y que estos, de este modo, puedan comprometerse y sentirse potenciados a cumplir su rol de agentes de cambio. Estas dos aristas no están comprendidas en la amalgama de planes de trabajo realizados junto al CVD, puesto que toda organización tiene fines y principios que motivaron sus orígenes y representan su accionar histórico y actual. La evidencia de estas variables no produce más que asistencialismo y en su grado más álgido, un paternalismo en el cual el trabajo del programa en el barrio, termina siendo una asesoría urbana de mejoramiento de espacios públicos. Estor ribetes que puede tomar el CVD sin una finalidad compartida y asimilada, primero por la comunidad y segundo por sus dirigentes, levantan legitimas sospechas de la identificación de los vecinos con el programa y de la efectividad de los trabajos realizados por los equipos de barrio en la comunidad. Por esto antes de recomendar un plan de acción a seguir con el CVD es pertinente encontrar la factibilidad de este en el barrio, considerando el nivel de organización del barrio, la confianza de la comunidad hacia sus dirigentes históricos entre otras variables sociales, culturales y organizacionales. De otro modo el CVD tendría que ejecutar un trabajo externo y aun mas agotador que las tareas exigidas y lo que es más importante, un trabajo de validación de dicha instancia en el barrio, o si no estaría convirtiéndose en una organización clandestina o instrumental que entre gallos y media noche decide arbitrariamente por la comunidad.
Cultura participativa
Compromiso con finalidad de CVD
Bajo esta línea se concuerda a plenitud con las interrogantes planteadas por el programa y enunciadas a continuación[6]:
q ¿Cuáles son las principales organizaciones y líderes del barrio?, ¿Se trata de liderazgos históricos o nuevos liderazgos, que nivel de legitimidad tienen?
q ¿Cómo se relacionan estas organizaciones entre sí?
q ¿Se visualiza la generación de conflictos para la JJVV u otras organizaciones producto de la creación de esta nueva organización?, ¿De qué forma se abordará la relación del CVD con las organizaciones sociales del barrio?
q ¿Qué tipo de representatividad se está proyectando para el CVD?, ¿Cómo se asegurará esa representatividad?, ¿Cómo es posible abrir el CVD a la participación de nuevos vecinos?
Sin embargo estas preguntas plantean la necesidad real de implementar el CVD en los barrios en donde se ejecuta el programa, puesto que los análisis y las observaciones de esta pequeña evaluación, son vitales para asentar una organización comunitaria en un barrio con una proyección realista y una planificación eficiente. Para no plantear una situación hipotética, conviene reflexionar acerca de la posibilidad que las respuestas a este cuestionario, sean negativas para la adecuación del CVD; ¿Qué hace el Equipo de Barrio al percatar que un barrio, de acuerdo a su realidad y a la deliberación de sus vecinos, no necesita al CVD?
Necesidad real CVD
Multiplicidad de actores involucrados
El sujeto es pieza irremplazable en todo proceso de construcción social y más aun cuando se trata de organizaciones locales que es en donde se interpelan los intereses de las comunidades referidas a propósitos de otras. Siguiendo el prisma, el entendimiento producido entre organizaciones corresponde a un juego de voluntades, circunscribiendo dichas deliberaciones a posicionamientos políticos en pos de un objetivo en específico en donde se plasma una determinada visión de mundo o simple y llanamente, un fin concreto. De esta forma es posible registrar una variedad de actores relevantes a la hora de entablar una convivencia organizacional, tanto de los miembros de una organización, los representantes, voceros y delegados de las mismas, como también otras agrupaciones o colectividades protagonistas en el proceso de mediación. Por esto el reconocimiento de actores como reflejo de las aspiraciones y posibilidades organizacionales que brinda una asociación a sus representados como también a las otras colectividades y en este sentido la personalización propuesta por el programa es la acertada y se presenta de la siguiente forma[7]:
q La identificación de los liderazgos individuales positivos o negativos que encabezan los procesos de toma de decisión en el barrio sean estos tácitos o explícitos.
q Determinar la fuerza relativa y alineación de cada uno de los actores en el conjunto.
q Estimar el posicionamiento relativo de cada uno de estos actores colectivos o individuales con respecto a los objetivos del Programa, a las principales iniciativas que formarán el Proyecto Integral de Recuperación de Barrio, y a su participación en el Consejo Vecinal de Desarrollo, es decir, el motivo de su vinculación en el CVD y su rol dentro de éste.
La caracterización de los liderazgos o de las personas con atributos específicos que los dota de un gran carisma a la hora de efectuar la defensoría de sus representados, fue mencionada anteriormente como el diagnostico previo de la situación organizacional del barrio, variable muchas veces olvidada en lo que respecta la constitución de una comunidad.
Dependiendo de esta herramienta se encuentra el carisma de los líderes, el apoyo de los vecinos y lo más importante de todo, la legitimación de la comunidad a su organización y representantes, puesto que la fuerza de una colectividad se ve reflejada en el apoyo y confianza, que la cohesión de sus integrantes, le brinda a su vocero.
De una externalidad proviene el tercer punto, que es la relación que los organismos del barrio, representados a través del CVD, tienen con el programa y específicamente con el equipo de barrio. Esta solo ha de depender de la estrategia de trabajo y de llegada al barrio, del Equipo, en donde estos tienen la responsabilidad de velar por el progresa del programa en el barrio y más aun de propiciar el terreno, para la recuperación del barrio a través del mejoramiento en la calidad de vida de sus vecinos y del mejoramiento de sus espacios físicos.
Pero, sin duda lo más importante de los actores es la influencia que estos tiene al momento de ejercer la toma de decisiones, situación que la comunidad, al ser beneficiaria de una programa gubernamental, tiene que tener en claro que la intermediación de instituciones será normalmente preponderante a la hora de tomar decisiones. Es por esto que el reconocimiento de actores debe involucrar también, la relación de los diferentes sectores involucrados en la intervención, es decir la variopinta cantidad de organizaciones e instituciones participantes en la mediación, describir su carácter y su disponibilidad de soporte, en la planificación programática de la recuperación del barrio. Es por esto que al CVD no es al único que hay reflexionar y estudiar, sino también a todos los actores involucrados en el proceso, puesto que la multisectorialidad y la asociatividad del CVD con estos organismos, es vital a la hora de pensar un organización y de esta omisión se deriva una gran debilidad para el CVD, ya que actúa solo contra las otras instituciones involucradas
La Importancia del Tiempo
Como todo proceso de construcción social, el establecimiento de una instancia participativa e integral de conducción política requiere de su tiempo, ya que hay aspectos organizacionales que darlos por sentados o tratarlos someramente, producen complicaciones al momento de planificar actividades tendientes a un desarrollo en específico. Por lo mismo apurar o lo que es similar, datar con funciones y objetivos no discutidos o asimilados a cabalidad por los miembros integrantes de una organización, conlleva a un sistema tecnocrático de regencia o administración política, sin un propósito adyacente e internalizado por sus representantes y representados. En esta línea, una organización territorial o local, tiene una historia que la hace particular y por lo tanto tener una identidad en tanto comunidad, para manejar sus tiempos y formas de conseguir posibles soluciones a sus problemas. Es entonces, no menor intervenir el normal funcionamiento de una comunidad y de su organización con el objetivo de establecer una nueva institución, entendida como una entidad dotada de un sistema de valores y principios que determinan, según una base normativa de convivencia organizacional, el accionar que un grupo social debe tener en un plazo no mayor a dos años. El nivel de consolidación e integración del equipo que intervendrá la comunidad con los miembros de la misma debe ser tal, que los tiempos contemplados para la constitución, delegación, construcción y realización de esta nueva orgánica barrial, no sean un obstáculo constante en el devenir del trabajo profesional y comunitario de esta empresa programática, considerando todas las variables que puedan influir en la alteración de esta categoría. Por lo tanto el cumplimiento de metas o actividades en ciertos periodos de tiempo estará directamente relacionado a otras situaciones que son independientes del fluir organizacional de la renombrada orgánica a establecer en el barrio. Y son situaciones en donde debe entablarse un trabajo previo de muchos actores, en donde de acuerdo a una estrategia adecuadamente elaborada, sin presiones de tiempo ni plazos, pueda dar respuestas a las diferentes condiciones o limitantes que influyen o podrían influir, en el cumplimiento o no cumplimiento de metas. Esto se debe netamente a que cada comunidad tienes sus tiempos y modos de establecer un quehacer barrial y una omisión de este elemento puede traer deseables, como también indeseables consecuencias. He ahí la importancia de saber reconocer los defectos y atributos que una comunidad, en aspectos organizacionales, mas allá de las interrogantes planteadas al momentos de establecer el diagnostico, tiene a su haber en relación a la significación temporal en su diario vivir y cotidaneidad. El uso del tiempo, como también el uso del suelo, de los espacios públicos, etc, se ve siempre constreñido a construcciones culturales de la comunidad y por lo tanto los agentes e integrantes de organizaciones sociales pertenecientes al barrio, estarán de igual forma compartiendo sus tiempos y espacios, de acuerdo a sus prioridades personales y costumbres colectivas. Es por esto que el tiempo es una importante distinción analítica a la hora de establecer un parámetro de evaluación con respecto al desarrollo de una organización y a la consolidación de su orgánica.
Una planificación, en consecuencia según limites temporales, siempre es riesgosa pero a la vez tiene la virtud de ordenar y delegar funciones y responsabilidades siempre y cuando la consideración a utilizar esté referida, en términos de plazos y cronogramas, solo y únicamente a todas las características que establecen e influyen en el funcionamiento de una organización social.
En conclusión nuestro esfuerzo analítico no es predictivo en un sentido “futurológico”, sino simplemente, prospectivo respecto de la elaboración, ejecución y proyección del Proyecto Integral de Recuperación de Barrio. Es una herramienta para la acción que orienta nuestra estrategia de proximidad para abordar el proceso de recuperación del barrio[8].
[1] Véase Pagina Web Ministerio de Vivienda y Urbanismo,
http://www.minvu.cl/opensite_20070212164909.aspx#20070312164612
[2] Categorías tomadas de “Texto refundido, coordinado y sistematizado de la ley nº 19.418, sobre Juntas de Vecinos y demás Organizaciones Comunitarias”.
[3] Véase Pagina Web Banco Central, http://www.bcn.cl/guias/juntas-de-vecinos.
[4]Orientaciones para la Reflexión y Elaboración de una estrategia de conformación del CVD, del Programa Quiero Mi Barrio.
[5] Reglamento Tipo Consejo Vecinal de Desarrollo, del Programa Quiero Mi Barrio.
[6] Orientaciones para la Reflexión y Elaboración de una estrategia de conformación del CVD, del Programa Quiero Mi Barrio.
[7] Idem.
[8] Id.
“La gestión social para la conformación del CVD debe velar por potenciar un tipo de organización democrática, abierta, pluralista, organizada, que mantenga un actuar transparente hacia los vecinos y con miras al bienestar del barrio en su conjunto”.
El presente documento esta enmarcado en la ejecución del Programa Quiero Mi Barrio que tiene como objetivo general el mejoramiento de la calidad de vida en barrios deteriorados, a través de políticas combinadas que mejoren el entorno urbano y promuevan el fortalecimiento de la participación social[1]. Para los fines de promover la participación en las comunidades, el programa genera una instancia barrial llamada Consejo Vecinal de Desarrollo (CVD) que representa el espacio en donde todas las organizaciones existentes en los barrios, pueden discutir y delinear las principales directrices que guiarán la implementación del programa en la comunidad. Por consiguiente el texto busca reflexionar y ser un aporte respecto a las múltiples características que el CVD puede tener dentro de su inserción en los barrios y en la vida de sus vecinos.
Presentación
Toda organización nace, depende y se engrandece de acuerdo a los fines y objetivos a los cuales ella esta abocada. En esta línea la convivencia social tiene una finalidad de brindar un abanico de posibilidades y oportunidades, tanto a individuos como a colectivos, de obrar y orientar su accionar según una libre y soberana deliberación respecto a lo que estiman conveniente de alcanzar o realizar. De este modo las organizaciones plasman sus intenciones y representaciones en el diario vivir y que de alguna u otra forma, refleja el quehacer de las mismas. Por esto, en la actualidad existe una amplia gama de organizaciones sociales, las hay políticas, religiosas, de voluntariado, etc. No es la idea extenderse, pero sí centrar la discusión en torno a la teleología de una organización y en este sentido las organizaciones locales, territoriales o comunales vienen siendo el núcleo, la medula de toda expresión humana inmediata, en donde el sentido de pertenencia a un territorio ,mas la identidad y cultura que el sujeto siente hacia y en el colectivo barrial, constituye la raigambre misma de la vida en comunidad. Es por esto que desde que el humano tiene uso de razón, se ha unido y organizado junto a sus iguales en donde todos velan por un interés y objetivo en común. Esa característica se vislumbra fácilmente en la actualidad en donde la legislación chilena en torno a las organizaciones sociales, es la siguiente[2]:
Artículo 2º: Para los efectos de esta ley, se entenderá por:
a) Unidad vecinal: El territorio, determinado en conformidad con esta ley, en que se subdividen las comunas, para efectos de descentralizar asuntos comunales y promover la participación ciudadana y la gestión comunitaria, y en el cual se constituyen y desarrollan sus funciones las juntas de vecinos.
b) Juntas de vecinos: Las organizaciones comunitarias de carácter territorial representativas de las personas que residen en una misma unidad vecinal y cuyo objeto es promover el desarrollo de la comunidad, defender los intereses y velar por los derechos de los vecinos y colaborar con las autoridades del Estado y de las municipalidades.
c) Vecinos: Las personas naturales, que tengan su residencia habitual en la unidad vecinal. Los vecinos que deseen incorporarse a una junta de vecinos deben ser mayores de 18 años de edad e inscribirse en los registros de la misma.
d) Organización comunitaria funcional: Aquella con personalidad jurídica y sin fines de lucro, que tenga por objeto representar y promover valores e intereses específicos de la comunidad dentro del territorio de la comuna o agrupación de comunas respectiva.
Por lo tanto las Juntas de Vecinos buscan promover la integración, participación y desarrollo de los vecinos de una localidad. La junta de vecinos puede representar a los vecinos ante las autoridades para lograr convenios de desarrollo; gestionar la solución de problemas ante las autoridades; proponer y ejecutar proyectos que beneficien a los vecinos; determinar carencias de infraestructura (alcantarillado, iluminación, etc.), entre otros[3]. Es decir las juntas de vecinos desde su creación en Chile en el año 1968, han significado para los miembros de un barrio, villa o población, la organización tradicional que detenta para si y oficialmente, la representación de los habitantes de los mencionados espacios territoriales, en donde esta orgánica se preocupa y ve las mejores formas de solucionar los problemas de su comunidad.
Esta contextualización del posicionamiento organizacional que las juntas de vecinos han tenido a lo largo de la historia y tienen en la actualidad de nuestro país, no corresponde a descripciones pueriles, sino mas bien al anhelo de rescatar y ponderar la necesidad, como Programa de Recuperación de Barrio, Quiero Mi Barrio, de promocionar el establecimiento de una nueva orgánica llamada CVD al interior de los barrios que agrupe y consolide la participación de todas las organizaciones sociales de la comunidad, incluida en esta a las importantes juntas de vecinos y otras organizaciones comunitarias.
Voluntad y propósito del CVD
La realidad de cada barrio es única y dinámica, por lo tanto requiere de un monitoreo constante de los actores respecto a su posicionamiento frente al proceso y a las iniciativas del Proyecto Integral de Recuperación, en especial, aquellas que integren el Contrato de Barrio[4].
Este acápite refleja la amplia dimensión que una intervención social puede tener en un determinado colectivo y para esto se recomienda conocer su necesidades, quejas, sugerencias y preferencias para elaborar en conjunto, a sus actores, una asimilada e internalizada estrategia de trabajo que represente el sentir y el actuar de sus miembros (subcultura barrial) para su propio desarrollo humano. En esta línea se entiende que la participación social, concepto clave del programa de recuperación de barrios, sea materializada por una orgánica vecinal incluyente, transversal y programática, que les permita a sus representados (vecinos) y al programa, tener resoluciones ad-hoc a las condicionantes de deterioro urbano y vulnerabilidad social.
De este sentido social se desprenden tareas, deberes y derechos que toda organización debiese tener y de acuerdo a estatutos tipos, las acciones que ostenta para si el CVD, son las siguientes[5]:
q Discusión de los problemas que se vayan planteando en el transcurso del Programa.
q Toma de decisiones,
q Ser contraparte de la Municipalidad y SEREMI de Vivienda en todo aquello que se refiere al Contrato de Barrio,
q Mantener informado al conjunto de los vecinos acerca del desarrollo del Programa así como recibir las opiniones de los vecinos para incorporarlas al quehacer del mismo,
q Tomar iniciativas que contribuyan a involucrar de los vecinos en las actividades del Programa,
q Velar por la unidad del barrio.
Estas realizaciones y actividades son el pilar relacional de cualquier organización social, en donde las discusiones sean elaboradas a partir de procesos deliberativos tendientes a concretar la voluntad del grupo. En donde sus integrantes como mejores conocedores y forjadores de su historia y barrio, puedan evaluar y medir el impacto de las tareas que los distintos sectores realizan en la comunidad y que el manejo y la promoción de información sea un estado permanente de convivencia barrial, para estar todos coordinados y cerciorados de los avances u retrocesos que se plasmen en el programa, puesto que en la sociedad del conocimiento, aquel que no este enterado de los distintos procesos de desarrollo experimentados en el barrio, se sentirá desplazado. De aquí la importancia de dotar de una optima y adecuada estrategia comunicacional al barrio.
Incentivar e instaurar la participación social de la comunidad, con el afán de fortalecer a las territoriales sociedades civiles existentes en el barrio, es otra tarea a realizar con el CVD, en donde la movilización de agentes de cambio y fuerzas colectivas ha de ser un gran aliciente de convocatoria.
Finalmente y estrictamente ligado a los puntos anteriores, la estrategia de solidificación de una organización social es a través de la cohesión de sus integrantes, por lo tanto la unidad y la solidaridad han de ser los principios constitutivos de la acción organizacional.
En esta discusión el protagonismo del CVD se basa única y exclusivamente del empoderamiento que sus dirigentes tiene acerca del rol que esta orgánica ha de cumplir en el barrio, conservando según esto, cuales son los principales valores y principios constitutivos que hacen del barrio, una comunidad con particulares intereses y necesidades que requieren iniciativas, de la misma manera, relacionadas con la realidad del barrio. Por lo tanto, la mejor forma de orgánica que incluya a todos los organismos vivos de una comunidad, mas allá de sus funciones e intereses, que logre articular a un barrio entero en aras de un objetivo común, significa el reto mas grande para el CVD en esta área, junto a la utilidad que esta organización le pueda entregar al Programa Quiero Mi Barrio.
Por lo tanto, el objetivo a seguir y conseguir por parte del CVD debe estar previamente acordado entre sus integrantes como instancia de representación de los intereses del barrio, sin embargo este consenso entre las partes, debe alcanzar mucho más allá que la firma del Contrato de Barrio o la realización de actividades, en el marco del plan de trabajo del CVD, entre el programa y la comunidad. Este debe tener una consolidación, aceptación y legitimación efectiva de la totalidad del barrio si es que se quiere propender a la participación social como vía de solución de problemas para los vecinos y que estos, de este modo, puedan comprometerse y sentirse potenciados a cumplir su rol de agentes de cambio. Estas dos aristas no están comprendidas en la amalgama de planes de trabajo realizados junto al CVD, puesto que toda organización tiene fines y principios que motivaron sus orígenes y representan su accionar histórico y actual. La evidencia de estas variables no produce más que asistencialismo y en su grado más álgido, un paternalismo en el cual el trabajo del programa en el barrio, termina siendo una asesoría urbana de mejoramiento de espacios públicos. Estor ribetes que puede tomar el CVD sin una finalidad compartida y asimilada, primero por la comunidad y segundo por sus dirigentes, levantan legitimas sospechas de la identificación de los vecinos con el programa y de la efectividad de los trabajos realizados por los equipos de barrio en la comunidad. Por esto antes de recomendar un plan de acción a seguir con el CVD es pertinente encontrar la factibilidad de este en el barrio, considerando el nivel de organización del barrio, la confianza de la comunidad hacia sus dirigentes históricos entre otras variables sociales, culturales y organizacionales. De otro modo el CVD tendría que ejecutar un trabajo externo y aun mas agotador que las tareas exigidas y lo que es más importante, un trabajo de validación de dicha instancia en el barrio, o si no estaría convirtiéndose en una organización clandestina o instrumental que entre gallos y media noche decide arbitrariamente por la comunidad.
Cultura participativa
Compromiso con finalidad de CVD
Bajo esta línea se concuerda a plenitud con las interrogantes planteadas por el programa y enunciadas a continuación[6]:
q ¿Cuáles son las principales organizaciones y líderes del barrio?, ¿Se trata de liderazgos históricos o nuevos liderazgos, que nivel de legitimidad tienen?
q ¿Cómo se relacionan estas organizaciones entre sí?
q ¿Se visualiza la generación de conflictos para la JJVV u otras organizaciones producto de la creación de esta nueva organización?, ¿De qué forma se abordará la relación del CVD con las organizaciones sociales del barrio?
q ¿Qué tipo de representatividad se está proyectando para el CVD?, ¿Cómo se asegurará esa representatividad?, ¿Cómo es posible abrir el CVD a la participación de nuevos vecinos?
Sin embargo estas preguntas plantean la necesidad real de implementar el CVD en los barrios en donde se ejecuta el programa, puesto que los análisis y las observaciones de esta pequeña evaluación, son vitales para asentar una organización comunitaria en un barrio con una proyección realista y una planificación eficiente. Para no plantear una situación hipotética, conviene reflexionar acerca de la posibilidad que las respuestas a este cuestionario, sean negativas para la adecuación del CVD; ¿Qué hace el Equipo de Barrio al percatar que un barrio, de acuerdo a su realidad y a la deliberación de sus vecinos, no necesita al CVD?
Necesidad real CVD
Multiplicidad de actores involucrados
El sujeto es pieza irremplazable en todo proceso de construcción social y más aun cuando se trata de organizaciones locales que es en donde se interpelan los intereses de las comunidades referidas a propósitos de otras. Siguiendo el prisma, el entendimiento producido entre organizaciones corresponde a un juego de voluntades, circunscribiendo dichas deliberaciones a posicionamientos políticos en pos de un objetivo en específico en donde se plasma una determinada visión de mundo o simple y llanamente, un fin concreto. De esta forma es posible registrar una variedad de actores relevantes a la hora de entablar una convivencia organizacional, tanto de los miembros de una organización, los representantes, voceros y delegados de las mismas, como también otras agrupaciones o colectividades protagonistas en el proceso de mediación. Por esto el reconocimiento de actores como reflejo de las aspiraciones y posibilidades organizacionales que brinda una asociación a sus representados como también a las otras colectividades y en este sentido la personalización propuesta por el programa es la acertada y se presenta de la siguiente forma[7]:
q La identificación de los liderazgos individuales positivos o negativos que encabezan los procesos de toma de decisión en el barrio sean estos tácitos o explícitos.
q Determinar la fuerza relativa y alineación de cada uno de los actores en el conjunto.
q Estimar el posicionamiento relativo de cada uno de estos actores colectivos o individuales con respecto a los objetivos del Programa, a las principales iniciativas que formarán el Proyecto Integral de Recuperación de Barrio, y a su participación en el Consejo Vecinal de Desarrollo, es decir, el motivo de su vinculación en el CVD y su rol dentro de éste.
La caracterización de los liderazgos o de las personas con atributos específicos que los dota de un gran carisma a la hora de efectuar la defensoría de sus representados, fue mencionada anteriormente como el diagnostico previo de la situación organizacional del barrio, variable muchas veces olvidada en lo que respecta la constitución de una comunidad.
Dependiendo de esta herramienta se encuentra el carisma de los líderes, el apoyo de los vecinos y lo más importante de todo, la legitimación de la comunidad a su organización y representantes, puesto que la fuerza de una colectividad se ve reflejada en el apoyo y confianza, que la cohesión de sus integrantes, le brinda a su vocero.
De una externalidad proviene el tercer punto, que es la relación que los organismos del barrio, representados a través del CVD, tienen con el programa y específicamente con el equipo de barrio. Esta solo ha de depender de la estrategia de trabajo y de llegada al barrio, del Equipo, en donde estos tienen la responsabilidad de velar por el progresa del programa en el barrio y más aun de propiciar el terreno, para la recuperación del barrio a través del mejoramiento en la calidad de vida de sus vecinos y del mejoramiento de sus espacios físicos.
Pero, sin duda lo más importante de los actores es la influencia que estos tiene al momento de ejercer la toma de decisiones, situación que la comunidad, al ser beneficiaria de una programa gubernamental, tiene que tener en claro que la intermediación de instituciones será normalmente preponderante a la hora de tomar decisiones. Es por esto que el reconocimiento de actores debe involucrar también, la relación de los diferentes sectores involucrados en la intervención, es decir la variopinta cantidad de organizaciones e instituciones participantes en la mediación, describir su carácter y su disponibilidad de soporte, en la planificación programática de la recuperación del barrio. Es por esto que al CVD no es al único que hay reflexionar y estudiar, sino también a todos los actores involucrados en el proceso, puesto que la multisectorialidad y la asociatividad del CVD con estos organismos, es vital a la hora de pensar un organización y de esta omisión se deriva una gran debilidad para el CVD, ya que actúa solo contra las otras instituciones involucradas
La Importancia del Tiempo
Como todo proceso de construcción social, el establecimiento de una instancia participativa e integral de conducción política requiere de su tiempo, ya que hay aspectos organizacionales que darlos por sentados o tratarlos someramente, producen complicaciones al momento de planificar actividades tendientes a un desarrollo en específico. Por lo mismo apurar o lo que es similar, datar con funciones y objetivos no discutidos o asimilados a cabalidad por los miembros integrantes de una organización, conlleva a un sistema tecnocrático de regencia o administración política, sin un propósito adyacente e internalizado por sus representantes y representados. En esta línea, una organización territorial o local, tiene una historia que la hace particular y por lo tanto tener una identidad en tanto comunidad, para manejar sus tiempos y formas de conseguir posibles soluciones a sus problemas. Es entonces, no menor intervenir el normal funcionamiento de una comunidad y de su organización con el objetivo de establecer una nueva institución, entendida como una entidad dotada de un sistema de valores y principios que determinan, según una base normativa de convivencia organizacional, el accionar que un grupo social debe tener en un plazo no mayor a dos años. El nivel de consolidación e integración del equipo que intervendrá la comunidad con los miembros de la misma debe ser tal, que los tiempos contemplados para la constitución, delegación, construcción y realización de esta nueva orgánica barrial, no sean un obstáculo constante en el devenir del trabajo profesional y comunitario de esta empresa programática, considerando todas las variables que puedan influir en la alteración de esta categoría. Por lo tanto el cumplimiento de metas o actividades en ciertos periodos de tiempo estará directamente relacionado a otras situaciones que son independientes del fluir organizacional de la renombrada orgánica a establecer en el barrio. Y son situaciones en donde debe entablarse un trabajo previo de muchos actores, en donde de acuerdo a una estrategia adecuadamente elaborada, sin presiones de tiempo ni plazos, pueda dar respuestas a las diferentes condiciones o limitantes que influyen o podrían influir, en el cumplimiento o no cumplimiento de metas. Esto se debe netamente a que cada comunidad tienes sus tiempos y modos de establecer un quehacer barrial y una omisión de este elemento puede traer deseables, como también indeseables consecuencias. He ahí la importancia de saber reconocer los defectos y atributos que una comunidad, en aspectos organizacionales, mas allá de las interrogantes planteadas al momentos de establecer el diagnostico, tiene a su haber en relación a la significación temporal en su diario vivir y cotidaneidad. El uso del tiempo, como también el uso del suelo, de los espacios públicos, etc, se ve siempre constreñido a construcciones culturales de la comunidad y por lo tanto los agentes e integrantes de organizaciones sociales pertenecientes al barrio, estarán de igual forma compartiendo sus tiempos y espacios, de acuerdo a sus prioridades personales y costumbres colectivas. Es por esto que el tiempo es una importante distinción analítica a la hora de establecer un parámetro de evaluación con respecto al desarrollo de una organización y a la consolidación de su orgánica.
Una planificación, en consecuencia según limites temporales, siempre es riesgosa pero a la vez tiene la virtud de ordenar y delegar funciones y responsabilidades siempre y cuando la consideración a utilizar esté referida, en términos de plazos y cronogramas, solo y únicamente a todas las características que establecen e influyen en el funcionamiento de una organización social.
En conclusión nuestro esfuerzo analítico no es predictivo en un sentido “futurológico”, sino simplemente, prospectivo respecto de la elaboración, ejecución y proyección del Proyecto Integral de Recuperación de Barrio. Es una herramienta para la acción que orienta nuestra estrategia de proximidad para abordar el proceso de recuperación del barrio[8].
[1] Véase Pagina Web Ministerio de Vivienda y Urbanismo,
http://www.minvu.cl/opensite_20070212164909.aspx#20070312164612
[2] Categorías tomadas de “Texto refundido, coordinado y sistematizado de la ley nº 19.418, sobre Juntas de Vecinos y demás Organizaciones Comunitarias”.
[3] Véase Pagina Web Banco Central, http://www.bcn.cl/guias/juntas-de-vecinos.
[4]Orientaciones para la Reflexión y Elaboración de una estrategia de conformación del CVD, del Programa Quiero Mi Barrio.
[5] Reglamento Tipo Consejo Vecinal de Desarrollo, del Programa Quiero Mi Barrio.
[6] Orientaciones para la Reflexión y Elaboración de una estrategia de conformación del CVD, del Programa Quiero Mi Barrio.
[7] Idem.
[8] Id.
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